La confianza: punto de inflexión en la era de la digitalización

adminActualidad, Big Data, Ciberseguridad, Inteligencia Artificial y Derecho, TransparenciaLeave a Comment

La confianza es la piedra angular de cualquier tipo de relación, y en las de índole económico o comercial no iba a ser menos. Estos días el tratamiento de los datos y su privacidad han sido el centro de todos los focos. Tras saberse el pasado sábado 17 de marzo, gracias a una investigación conjunta de los periódicos The New York Times y The Observer, que una consultora la cual trabajó para Trump manipuló datos de 50 millones de usuarios de Facebook. Descubrimiento que ha provocado entre otras cosas un desplome en las acciones de la compañía que llega casi a un 7% y, a mayor escala, una tormenta política mundial, suponiendo un duro golpe para el carácter fiduciario de la digitalización y abriendo investigaciones tanto en el Congreso de EE UU como en el Gobierno británico y la Comisión europea.

Pero el asunto va más allá de las consecuencias que esto pueda tener para la imagen de Facebook o incluso su situación financiera. Esto afecta no sólo a una compañía concreta, sino a todo un sector y, si se profundiza más, al orden económico llamado a ser protagonista en un futuro próximo. La gravedad del incidente no radica solo en que es hayan utilizado mal los datos de 50 millones de usuarios de Facebook, que también, sino en que se ha dañado la confianza en términos absolutos en cualquier cosa que suene a Big Data, inteligencia artificial o digitalización.

Si tuviésemos que definir cual es la mayor barrera que nos encontramos a la hora de dar el salto a la digitalización de un negocio, lo primero que se nos viene es la desconfianza que genera el dejar nuestro devenir en manos de algo que no comprendemos, no visualizamos y no controlamos. La confianza y la lealtad son la base para consolidar la aceptación de las herramientas digitales en nuestro día a día, y esta se ha visto violada, entre otras cosas, tras el error masivo cometido por Facebook.

Por encima de esta situación concreta, el debate respecto al uso de datos plantea otro dilema interesante. Se asume por regla general, en este y otros aspectos, que el límite al uso de información por parte de las empresas debe estar supeditado por completo a la ley, donde en este caso tomamos como referencia el Reglamento europeo de Protección de Datos que viene a modificar la Ley Orgánica de Protección de Datos. La cuestión es: ¿Qué tipo de confianza genera al cliente una empresa que necesita de la actuación legislativa para saber qué beneficia o no a un usuario al cual presta sus servicios? ¿No se debe la actividad empresarial, por encima de todo, al bienestar de sus clientes? El problema no es ya tanto de dónde se toman los datos y su carácter legal o no, sino lo que se hace con ellos. La confianza del cliente no se tiene, simplemente, cumpliendo al límite las normas para poder sacar el máximo partido a la información recabada a costa de los usuarios que confían en ti, sino con un compromiso ético de transparencia y de lealtad. Sería por ello muy conveniente que cada empresa expresara un compromiso serio, público y transparente, en el que diga claramente a sus clientes lo que hace con sus datos y, sobre todo, lo que se compromete a no hacer con ellos.

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